En breve
- En el conjunto de los países de la OCDE, la diferencia de confianza entre quienes sienten que se les tiene en cuenta en las decisiones del gobierno y quienes no la sienten es de 47 puntos porcentuales. Ninguna métrica de calidad del servicio mueve la confianza con tanta fuerza como esa sensación de voz.
- Un ciudadano satisfecho tiene nueve veces más probabilidades de confiar en un organismo y nueve veces más probabilidades de creer que cumple su misión. Escuchar no es un gesto de cortesía. Es el mecanismo que transforma el servicio en legitimidad.
- Un programa estructurado de Voz del Ciudadano no se limita a recoger opiniones. Obliga a priorizar y renunciar, saca a la luz las brechas entre barrios y pone en manos de quien decide una agenda priorizada y defendible antes de la próxima votación del presupuesto.
Pregúntale a un ayuntamiento por qué hizo una encuesta ciudadana y casi siempre te dirán lo mismo: para saber qué piensa la gente. Ese es el objetivo equivocado. La gente piensa muchas cosas, y casi todas tienen que ver con las prioridades de los demás. La función de la escucha estructurada es más concreta y mucho más útil: averiguar a qué estarían dispuestos a renunciar los vecinos, con sus propias palabras, cuando el dinero se agota antes que la lista de deseos.
La escucha en el sector público falla precisamente en este punto. Pregunta “qué tal lo estamos haciendo” y obtiene un índice de satisfacción que apenas se mueve un punto cada año. Nunca pregunta “a qué renunciarías para financiar esto”, así que nunca produce una prioridad que un responsable pueda defender.
La voz, no la calidad del servicio, es lo que mueve la confianza
En la administración hay un reflejo automático: tratar la confianza como un efecto del rendimiento del servicio. Arregla los baches, acorta la cola de los permisos y la confianza llegará sola. Pero los datos dicen que la palanca está en otra parte. En la encuesta de 2024 de la OCDE, realizada a casi 60.000 personas en 30 países, la mayor brecha de confianza no tenía que ver con ningún servicio, sino con la capacidad de incidir: con que la gente sintiera que se la tenía en cuenta en lo que hace su gobierno.
Ese hallazgo cambia el sentido de una encuesta ciudadana. No es un boletín de notas. Es el acto mismo de dar voz a la gente, y esa voz es lo que genera confianza. Si la planteas como una recogida de opiniones en un solo sentido, estarás desaprovechando el instrumento más poderoso que tienes.
Una encuesta ciudadana no es un boletín de notas. Es el acto de dar voz a la gente, y esa voz es lo que construye la confianza.
El contexto deja clara la magnitud de lo que está en juego. En el conjunto de la OCDE, ya hay más personas que declaran poca o ninguna confianza en su gobierno nacional (44%) que personas con una confianza alta o moderadamente alta (39%). La confianza no se está desplomando en todas partes, pero el margen para ignorar la voz de los vecinos se ha agotado.
Gráfico 1
Sentirse escuchado predice la confianza mejor que cualquier servicio concreto
Fuente: OCDE, proporción que confía en el gobierno nacional según la sensación de tener voz, 2024
La satisfacción es la moneda con la que se compra la legitimidad
El vínculo entre experiencia y confianza no es difuso. El trabajo de McKinsey en organismos públicos le pone cifra: los ciudadanos satisfechos con el servicio que reciben tienen nueve veces más probabilidades de confiar en el organismo y nueve veces más de creer que cumple su misión. Experiencia y legitimidad son una misma cosa.
El problema es que la administración parte con desventaja. Cuando se les pide ordenar su satisfacción con los servicios públicos frente a los del sector privado, los ciudadanos colocan a la administración en último lugar. El índice federal de Forrester cuenta lo mismo desde otro ángulo: los 15 organismos que evaluó obtuvieron una media de 61,9 sobre 100, la más baja de los 13 sectores que analiza. Las expectativas que los ciudadanos traen de su banco o de su operadora de telefonía no se quedan en la puerta del organismo.
Lo que la escucha estructurada aporta y un buzón de sugerencias no
Un programa de Voz del Ciudadano se gana su valor haciendo cuatro cosas que un buzón abierto o un pleno municipal no pueden.
- Es representativa, no la voz que más grita. El contacto multicanal por SMS, teléfono y online llega más allá del pequeño grupo de siempre, de modo que el resultado refleja a la población y no solo a quienes tienen tiempo libre un martes por la noche.
- Obliga a priorizar y a renunciar. Las preguntas de ordenación forzada y de presupuesto limitado revelan a qué estarían dispuestos a renunciar de verdad los vecinos para financiar una prioridad. Que te guste todo no es un plan. Elegir, sí.
- Saca a la luz las brechas entre grupos. Al segmentar por barrio y por perfil demográfico, los datos muestran dónde divergen la satisfacción y la confianza. Los inquilinos, los vecinos más jóvenes y los grupos que dicen haber sufrido discriminación confían sistemáticamente menos, y son las voces más fáciles de pasar por alto.
- Cierra el círculo. Devolver los resultados a los vecinos y enseñarles qué cambió gracias a ellos es lo que convierte una encuesta de simple recogida de datos en esa sensación de tener voz que los datos de confianza recompensan.
Del mapa de prioridades a la decisión defendible
El resultado no es un informe de cien páginas. Es un mapa de prioridades ordenado que un responsable puede llevar a un pleno presupuestario tenso: qué quieren cambiar los vecinos, qué prefieren dejar como está y dónde se rompe el consenso de un barrio a otro. Ese mapa es defendible porque es representativo, y es operativo porque está priorizado.
La disciplina importa porque la alternativa es más ruidosa y peor. Las decisiones que se toman a partir de quien acudió al pleno parecen receptivas, pero no lo son. Las decisiones respaldadas por una lectura representativa de la voz vecinal, consciente de las renuncias, aguantan el escrutinio, cumplen los requisitos de justificación de las subvenciones y reconstruyen la confianza precisamente porque la gente ve su voz reflejada en el resultado.
Para poner la escucha estructurada en marcha, explora nuestros programas de Voz del Ciudadano y Gobierno Digital, o repasa los casos de éxito para ver cómo una participación representativa se convierte en una agenda financiada.
Fuentes
- OECD, "Governments must better engage all citizens to tackle growing gaps in trust," oecd.org.
- McKinsey & Company, "The global case for customer experience in government," mckinsey.com.
- Forrester, "Forrester's 2023 US Federal CX Index Reveals Uneven CX," forrester.com.